El presidente Raúl Castro acaba de realizar el cambio de gobierno más profundo de los últimos 50 años, removiendo a piezas fundamentales de la administración de su predecesor, como eran el vicepresidente Carlos Lage y el canciller Felipe Pérez Roque.
El informe oficial trata de restarle importancia a las destituciones, enmarcándolas dentro de la reorganización del aparato estatal, de cara a reducirlo y simplificarlo, algo ya anunciado por el propio mandatario cubano.
Sin embargo, la dimensión del cambio que se desarrolla en el país es difícil de ocultar cuando se informa que se están sustituyendo 11 ministros, se fusionan cuatro ministerios y se toca incluso a vicepresidentes del Consejo de Ministros.
Esta cifra afecta fundamentalmente a políticos muy ligados al ex mandatario como es también el caso de Otto Rivero, ministro a cargo de la Batalla de Ideas, un plan de desarrollo social que era manejado directamente por Fidel Castro.
Antes que ellos habían desaparecido de la escena política varios jóvenes más de esa camada como Carlos Lage (hijo), quien dirigía a los estudiantes universitarios, Hassan Pérez, de la Juventud Comunista y Carlos Valenciaga, jefe del Grupo de Apoyo de Fidel.
El padre de las reformas
Carlos Lage y Felipe Pérez Roque trabajaron en el círculo más íntimo del comandante, conocido como el Grupo de Apoyo y posteriormente éste los ubicó en puntos neurálgicos del gobierno, al frente del Consejo de Ministros y de la Cancillería.
Carlos Lage fue el artífice de las reformas económicas de los años 90 que legalización del dólar estadounidense, el trabajo por cuenta propia y las inversiones extranjeras gracias a las cuales el país logró sobrevivir a la debacle de las naciones comunistas europeas.
Sin embargo, fue también durante el liderazgo económico de Lage que se aplicó la dualidad monetaria, medida que desplomó los salarios y con ellos el poder adquisitivo de la mayor parte de la población trabajadora.