Flor Gónzalez
En shock me he quedado al saber que Pablo Josué Amador, el siniestro personaje que asesinó a sus dos hijas y su esposa para luego suicidarse, violaba a su hija adolescente desde hacia tiempo, la noticia se dio a conocer luego que una de las compañeritas de Priscila Amador, una de las jóvenes asesinadas, contara a la autoridad que Priscila le había enviado una carta diciéndole que su padre la violaba constantemente, la joven guardó silencio y sólo después de esta terrible trágedia que es una muestra clara del derrumbe de nuestros valores familiares, lo contó a la policia. Demasiado tarde, pues si la policía hubiese sabido o al
menos sopechado algo este desenlace sangriento no hubiera ocurrido. Callar es un delito, no quiero juzgar a la compañerita de Priscila, entiendo su dolor y se que se arrepiente profundamente de no haberlo reportado a
tiempo, pero la reflexión para todos es que no podemos guardar silencio ante el delito, sobre todo con los menores, quienes están más expuestos a casos de abuso familiar. Aparentemente la familia Amador era una familia común y corriente, todos con una vena musical a flor de piel que expresaban cada ocho días en la eucaristia, nadie al verlos, al conocerlos hubiese imaginado, lo que al final terriblemente ha ocurrido.
“Jacqui Colyer, la nueva administradora en Miami del Departamento de Niños y Familias de la Florida (DCF) -- que tenía en el cargo menos de dos semanas cuando ocurrieron los asesinatos-- quiere que los maestros, entrenadores, consejeros, pastores y padres comprendan lo mortal que puede ser el abuso sexual. Y actuar con rapidez.Dejar de informar las sospechas de abuso, dijo Colyer, no es sólo un error. En la Florida es un acto ilegal penado por la ley que expone a los niños a
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