Juan Carlos Berrio
El rumor se ha hecho noticia y todo el mundo comienza a sentir la llegada de la
navidad, una época para compartir, no sólo regalos y buenos augurios, sino también amistad y mucha comprensión. Ha llegado el momento de sacar lo que llevamos por dentro, de esculcar en aquellos viejos cajones en donde muchos han
guardado para siempre el deseo de ser felices. Buscar en lo más profundo de ese
baúl, que es nuestro corazón, los bellos nrecuerdos para compartirlos con las
nuevas generaciones, vivencias que forjaron nuestras vidas y que a ellas les
pueden inspirar para revivir ese espíritu navideño en su propio ser. Cuando abró el papel pesebre este se desdobla trayendo consiguo los paisajes en los que muchas veces caminé cuando niño, llanuras llenas de pastores sonrientes,
y ovejas blancas y regordotas.. casitas pequeñas, grandes, lagos ahogados
en espejos y caminos de musgo y aserrín, que al compas de un villancico y el
paso lento de un burrito de Belén recorría buscando la estrella de David que me
guiara al portal donde nació la alegría. La navidad se me metía por dentro y sentía
un nudo en la garganta que luego se ahogaba en un grito de jubilo acompañado
de luces multicolores, la gente salía a la calle era inevitable celebrar, se acordaban
que estaban vivos, más vivos que nunca abrazando a los suyos, sonriendo con sus
mejores amigos, compartiendo el advenimiento de una nueva esperanza, por la
que todos estaríamos dispuestos a luchar, en nuestros hogares se cocía lentamente
el mejor alimento para el alma, bajo cálidas llamas que emanaban, de estrechones
de manos y abrazos sinceros, el contacto se convertía en una chispa fulgurante que llenaba de color lo
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