No me imagino y siempre me lo pregunto ¿por qué hay tanta gente que quiere ser presidente de un país? Que muchos lo hagan con intenciones malsanas de volverse ricos y entrar a historia de las familias de alcurnia y creyendo que el dinero convierte a la gente en personas de abolengo, es muy cierto. Pero hay algunos ilustres de verdad, que no les interesan nada de lo anterior y asumen el mando de una nación únicamente con la intención patriótica de sacar adelante a su país. Este grupo es bien reducido y deben ser los que merecen un puesto de honor en las historias patrias.
En Colombia, tenemos como presidente un ser humano con todos los defectos del mundo, es un hombre malgeniado, exigente con sigo mismo y con sus ministros y subalternos, meloso con las mujeres y sátiro con sus enemigos, además de padecer del “peor defecto que puede tener una persona” y por eso se gana tantos enemigos personales y políticos: es frentero a los problemas y le canta la tabla a todo aquel que le contradice sin argumentos y le protesta sin razón.
Ese es un hombre llamado Álvaro Uribe Vélez, quien para un grupo de personas que en todo su derecho de opinar, le buscan cuanto defecto tiene y lo atacan por todos los lados buscando que deje de joder a los sinvergüenzas y les permita volver a las andadas de otrora, cuando gobernaban para ellos, regalaban el país a sus amigos y se dejaban mangonear por los enemigos del pueblo, léase guerrilla, léase corruptos, léase clientelistas, léase paramilitares y sin lugar a dudas, las historias de los dineros calientes en las campañas de los que resultaron elegidos como presidentes.