La identidad según la academia de la lengua se define como el conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás. Esto trasladándolo al fútbol significa el estilo de juego que representa en la cancha cada escuadra, es decir el jogobonito de los brasileros o el catenaccio italiano, por mencionar
dos ejemplos memorables. Pero Colombia a través de sus años y de sus tres visitas a las
copas del mundo de manera consecutiva había logrado consolidar un estilo que lo marcaría a nivel mundial, ese llamado “toquetoque,” muchísimas veces criticado,
pero que logró exaltar talentos colombianos como “El pibe.” Asprilla, Rincón, entre otros. Ese estilo de juego que olvidamos y que al paso de muchos entrenadores,
juegos y jugadores hemos aniquilado. Tal vez es por eso que cada vez las esperanzas
se pierden y las posibilidades se ven mas lejos, pues después de tres derrotas consecutivas ante Uruguay (0-1), Chile (4-0) y Paraguay (1-0) los colombianos éramos mas que escépticos ante la Selección Colombia de futbol. La identidad se había perdido.
Y no estoy queriendo decir que el empate a 0-0 ante Brasil en Morumbi le recuperó la identidad a Colombia, pero si se vio un mejor equipo, mas ordenado y con ganas, jugando al toque y generando peligro al contrario, pero nuevamente sin gol. Tal vez nuestra cultura de juego nos ha enseñado eso, que clasificar solo se hace de forma reñida y disputada, o tal mejor debemos ceñirnos a nuestra cultura y seguir las frases ancestrales, como esa que dice y que hoy y muchas años mas diremos…