Juan Carlos Berrio
Todas las mañanas muy temprano desde el balcón de mi apartamento veo a una pareja de ancianos que camina por la acera, ella diminuta y débil se aferra a él quien apenas puede sostenerse apoyado en un bastón de madera, ambos caminan lentamente cogidos de las manos en un ritual mañanero que se viene repitiendo de hace más de medio siglo, los observo hasta que se pierden entre los frondosos árboles del barrio y pienso en todo el tiempo que ellos han recorrido juntos, siempre en pareja, conviviendo entre muchas alegrías y sinsabores, compartiendo momentos sublimes, inolvidables, enfrentando como un solo ser la adversidad, construyendo a cuatro manos una familia que ahora debe ser su orgullo. Aunque siempre los observo desde el balcón no se quienes son ni se sus nombres, pero les siento tan cercanos, tan cercanos como Norman y Gordon a quienes tampoco conozco y me temo que no podre hacerlo, pues ya están muertos, hace pocos días murieron tomados de la mano en la misma habitación del hospital al que fueron llevados luego de sufrir un terrible accidente automovilístico en el estado de Iowa en Estados Unidos. 72 años estuvieron juntos este par de seres humanos que ataron su existencia han un solo corazón.
”A las 3.38 pm del miércoles pasado, la respiración de Gordon se detuvo, aunque ya no estaba vivo, el monitor de su corazón seguía registrando un ritmo, algo raro estaba ocurriendo y la enfermera le dijo al hijo de ambos, Dennis Yeager, que el monitor emitía una señal porque la pareja estaban tomados de la mano. Dennis, comentó: “El corazón le latía a través de ella.”Una hora más tarde, Norma, a las 4.38 falleció. Los hijos de la pareja dicen estar contentos porque a ellos “simplemente les encantaba estar juntos”. “Él
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