Diariamente en el mundo sucesos insignificantes se convierten en eventos terribles que todos después tendrán que lamentar, un simple toque de un carro al bomper de otro vehículo se convierte muchas veces en una batalla campal, una reunión familiar en donde todos disfrutan, se convierte en una gresca sangrienta, un mal entendido, un insulto al que no hay que poner atención se convierte en el detonante de una violencia inédita que explota de la manera más salvaje. Las relaciones interpersonales están en crisis, el ser humano carece de tolerancia y respeto, ya no soportamos a quienes nos rodean y mucho más cuando no están de acuerdo con nuestras ideas, los queremos borrar del mapa como se dice popularmente, pero muy poco cuando se trata de dialogar, de entender al otro, de respetar su posición y su manera de ver el mundo, cuantos problemas nos evitaríamos si escucháramos, si actuáramos con cordura y respeto en torno a los demás, pero desgraciadamente para muchos el enfrentamiento y la violencia son la única forma que tienen para resolver los conflictos.
Ahora las nuevas generaciones crecen con los peores ejemplos, en muchos países son los jóvenes las victimas y a la vez los victimarios, que paso con los valores que debimos inculcar en ellos, donde están sus padres, donde su familia. El narcotráfico está acabando con nuestro mundo, unos porque usan la droga sin importarles nada, otros porque trafican con este veneno y saturan el mercado con su negra oferta que solo arrastra muerte, destrucción física y espiritual.
La violencia es variopinta y cobarde y por lo general castiga a los más débiles, también lo es la intolerancia, la ley antigua vuelve a ser la medida de la justicia, ojo por ojo, si me la hace me la paga, no sabe
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