Juan Carlos Berrio
Bagdad está destruida, en medio de las ruinas los niños y las mujeres lloran al escuchar las explosiones de las bombas, los viejos se lamentan elevando las manos al cielo, los muertos reclaman un lugar bajo la tierra que los vio nacer. El odio nace en la mirada extraviada de aquel joven que perdió a sus padres, el odio permanece en aquellos que se han cansado de matar inocentes, el odio se esconde en las mentes siniestras que juegan el ajedrez de la guerra, no hay tierra más fértil que esta de Iraq, para que la ignominia y la rabia crezcan como “oasis” en el árido desierto.
Dicen que buscan al enemigo, pero lo único que hacen es matar inocentes, quieren acabar con el “terrorismo” pero al parecer no se dan cuenta que con la furia de su balas, lo único que hacen es volverlo más fuerte, no importan los tratados, ni los protocolos, si lo que buscan con sus actos es la pacificación y no la paz Mientras Iraq se ahoga en el odio y la muerte, Israel quiere venganza, Hizbolá, quiere venganza, Palestina quiere venganza, los talibanes quieren venganza, la sed de sangre ahoga sus mentes y actuan como máquinas al servicio del holocausto.
Es la ley del Talión, ojo por ojo, agresión por agresión, muerte por muerte, dolor por dolor y después de que se maten todos quien reclamará la victoria.
De quien será la tierra si ya no habrá quien la siembre, de quien será el futuro si se ahogó en un óceano
sangriento, Los niños, parecen ancianos cansados y en el horizonte sólo se escucha el “canto” macabro de los fúsiles. Quien dispara, la mente o el corazón, quien mata, el hombre, el soldado, el terrorista, quien se alegra de caminar entre los muertos, aquellos que
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