Juan Carlos Berrio
otorga fácilmente la libertad a los delincuentes, la policía se esmera por capturarlos, pero al poco tiempo están de nuevo en la calle delinquiendo, los jueces no dictaminan las penas y las autoridades se sienten frustradas e impotentes. El alcalde de la Ciudad le ha pedido ayuda al gobierno nacional, este ha aumentado el pie de fuerza en las zonas más afectadas y pretende construir más estaciones de policía, pero eso no basta, es indudable de que también se necesita más presencia del estado en estos sectores marginados que suelen ser los caldos de cultivo para la violencia, presencia con alternativas de desarrollo efectivas, programas que pretendan devolverle los valores a los jóvenes, mediante educación y posibilidades de empleo. Por la fuerza se puede obtener el control de la situación, pero el problema continua, porque no se va a la raíz de este, que por lo general siempre es la pobreza y la falta de oportunidades. Medellín necesita de sus jóvenes, ellos deben convertirse en actores paz y no de violencia, el futuro de la ciudad esta es sus manos, las fronteras del miedo deben desaparecer en esta urbe a veces furiosa, pero demasiado hermosa y acogedora.
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