Juan Carlos Berrio
contrario lo llamaban loco y se reían descaradamente cuando el mar destruía sus hermosos castillos, pero el hombre permanecía imperturbable. Calmadamente cuando caía la tarde esperaba que la marea se llevara sus castillos, sin dejar huella de lo que por algunas horas allí residía. Todos los día hacia lo mismo, construía el castillo y luego del esplendor de su creación, impávido esperaba el inevitable colapso propiciado por el mar.
Nunca supe ni sabré porque este hombre sin nombre, constructor de castillos, hacía lo que hacía, de lo que si estoy seguro, es que así como el mar, él también nos entregaba un profundo mensaje. Todo vive, todo muere, algo crece vitalmente, otra cosa se pudre y desaparece para siempre. La vida es una lucha diaria y aunque muchas veces nos sentimos destruidos como castillos de arena, siempre tendremos la oportunidad de construir algo bello y nuevo. Hay cosas que no podremos cambiar y debemos tener sabiduría para entenderlo, pero hay otras que si podemos cambiar, que están a nuestro alcance, el ser felices, el cultivar nuestra capacidad de amar, dar y compartir.
Qué bueno es aprender de hombres simples que construyen castillos de arena diariamente, que bueno es entender la vida a través del arrullo tierno del viento y el mar...
|