Recuerdo en esta época de San Valentín el final de un bello poema. “cuando ya nada de nosotros exista y quizás, yo viva dentro de una piedra y tu residas en los nervios de una hoja, recordaras que te lo dije, déjame amarte que más tarde tendremos tiempo para el resto”. Cuantas veces nos olvidamos del amor, vivimos sumergidos dentro de la monotonía, la vida misma se nos va y a veces no comprendemos, que fuimos puestos en este mundo por un acto de amor, de sacrificio, de entrega.
El amor lo nutre todo y alimenta nuestra esperanza, el deseo de ser mejores seres humanos, el deseo de protagonizar cambios positivos para que la llama del afecto nunca se apague en nuestro hogar, solo cuando amamos es que comprendemos el valor que tiene cada ser humano.
Desgraciadamente laten aun muchos corazones de piedra que perdieron la sangre que solo da el amor, victimas quizás de desengaños y falsas pasiones, hombres y mujeres con rumbos trocados y distantes, para ellos es que hoy escribo, para exhortarlos a que renazcan y abandonen su vida fosilizada, porque por dura que sea la piedra, la gota incansable del amor penetrara sus entrañas. El amor es constancia, es empeño por eso nunca puede desfallecer, el amor se construye, no aparece del sombrero mágico de una mago y mucho menos es un hechizo, muchos establecen límites y le ponen fronteras que no existen al amor, te quiero pero no te amo suelen decir aquellos que no entienden que el amor lo llena todo y que va mas allá de una mera palabra. El amor también se merece y es la mejor recompensa de tu vida dedicada al servicio de tu familia, de tus hijos que tanto amas, en sus ojos estas
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