En el cementerio de Monte Sacro de MedellÃn, a la diestra de Dios Padre o sea justo contra la pared derecha de la iglesia del mismo, se encuentra la tumba de Pablo Escobar. Una tumba comunitaria como no habia visto antes ninguna, al mejor estilo de los faraones y reyes prehispánicos enterrados con toda su familia está Pablo, su hermano Luis Fernando, Juan Manuel su tÃo, Teresa la nana que lo crió, su escolta Agudelo alias “El limón†quien murió con él aquella tarde del 2 de Diciembre del 1993, y su madre Doña Herminda. Un pabellón amplio, sobrio con los años, cubierto de una hierba exótica y perfecta de un verde eterno. De alguna parte sale a mi encuentro Carlos Vanegas, cuidador “oficial†y me dice: “Lo conocà en Envigado, repartiendo mercados para la gente pobre, las filas eran tremendas y la plaza se llenaba hasta el tope. Aquà se encuentra él acompañado de sus más cercanos. El dÃa que murió este cementerio era una sola romerÃa de gente, llegaron mariachis con serenatas, rompieron las ventanas de la iglesia y casi acaban con todo, traian flores y lloraban como si se les hubiera muerto su padre. Mucha gente lo querÃa porque a pesar de todo, fue generoso con los pobres, muchos le deben sus casas y sus trabajos. Vinieron camarógrafos de todo el mundo y casi linchan a uno que en un momento quiso hacer un discurso en su contra. A Pablo no lo mató el ejercito, en la exhumación de sus restos unos años después, al tomar unas muestras de ADN para una demanda de paternidad que hizo una mujer y que terminó siendo puro cuento, se comprobó que no tenÃa tiros en ninguna parte del cuerpo, solo uno en el oÃdo porque el mismo acabó con su vida. Siempre dijo que preferÃa una tumba en Colombia que una cárcel en Estados Unidos. Al principio, las agencias de turismo armaron toures con el recorrido por varios lugares, el barrio "Pablo Escobar" que él construyó donde las mismas hermanas recibÃan a la gente y les contaban historias, Guatapé la Hacienda que tenÃa cerca, el lugar donde lo mataron y hasta a veces viajes a Nápoles, la finca enorme que tenÃa por la Dorada. Han venido de todo el mundo, de Arabia, Europa, gringos, todos toman fotos y preguntan cosas, otros le traen serenata y se toman sus guaros arrodillados para contarle cosas, llenan la tumba de pétalos o traen ramos de flores. Mire estas palmas que están cerca, todas marcadas a punta de cuchillo con los nombres de los que vienen a verlo, ya no cabe uno más. Yo cuido la tumba, cuando viene la gente les cuento lo que pasó y su hermano me dejó este cuaderno para quien quiera firmar la visita y deje mensajes. Es nuevo, porque el anterior ya se llenó y lo cambiaron. Otros vienen a llorarlo, a contarle sus penas y a rezar por la salvación de su alma, a pedirle milagros. Cada mes viene la familia y me deja una liguita para comprarme un refresco y los visitantes también me dan lo que pueden, la limpio con un balde que tengo escondido ahà atrás, y nunca me llevo nada de lo que le dejan, solo las monedas que le tiran porque yo soy un tipo muy serio. Ya van a ser quince años, yo llevo catorce cuidándola pero mire, ahà puede ver los ramos es como si se hubiera pasado ayer, el tiempo es una cosa jodida, muy jodida si señora y hay muertos que nunca acaban de morirse". |
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